viernes, 31 de octubre de 2008 en 9:11 |  
En la barra de un bar. (Sí, existen esos lugares… Sí, los conozco) En ese lugar una mujer, un tequila tras otro… Limón, sal… Y otro tequila… Lágrimas en sus mejillas que seca violentamente… Y otro tequila.
Un rostro bonito, buen maquillaje, atuendo de marca. Una sonrisa fingida, pero encantadora, que deja ver de vez en cuando… Y otro tequila. Una pena que ahoga y habla, que es difícil silenciar. Decisiones que desea tomar, pero sola es tan difícil. Si tan solo se acercara alguien… ¡Qué rayos! Si alguien se acerca será para jugar el juego de la seducción y al siguiente anochecer las comandas de tequilas serían interminables. Es un bar restauran, es viernes y apenas son las 10pm.
Familias compartiendo cenas. Familias, un mundo envidiable, un sueño inalcanzable. Ella voltea de vez en cuando para observar detrás de ella, fija su mirada en la mesa 32, una niña le sonríe. Piensa en lo lindo que habría sido sonreír cuando niña, sonreír mientras cena en familia.
Recuerda que no recuerda mucho sobre su niñez, y para qué esforzarse, solo tiene imágenes de un maloliente y desgraciado padrastro maltratando a su madre, de una madre que huyó dejándola en manos de esa bestia, recuerda haber descubierto que el mundo está habitado de bestias, con quienes solo se puede comercializar. Y hoy duele el nombre que su vida le ha dado: Prostituta. Lleva años queriendo inventarse otra vida. Pero parece que ya es tarde. Solo quedan dos opciones: seguir caminando por los senderos que la vida le ha trazado, o poner fin a esa vida, por medio de la muerte.
Tal vez el tequila le ayude a decidir. Mira de nuevo a su alrededor, y esta vez en la mesa 39 ve a un grupo de seis hombres, no parecen bestias, aunque ha aprendido que la mayoría lo son sin parecerlo, sin embargo, lucen tan distintos, como de otro mundo.
Sonríen mientras hablan, no hay alcohol en la mesa. Ella lleva su mirada de nuevo al frente, a la barra, y levanta su mano. El barman le sirve otro tequila mientras le dice alguna bobada, de esas que las bestias suelen decir. Y otra sonrisa fingida. El grupo de la 39 está integrado por algunas criaturas de iglesias (no juzguen aun mi frase, no todos los que tienen la buena costumbre de asistir a una congregación son criaturas de iglesias).
En la 39 se habla de logros ministeriales, de ambiciones, de ascensos, de proyectos, se miden habilidades, se elogia con hipocresía, se expresan falsos móviles; ahora que lo pienso, no sé si es más desdichada la mujer sentada junto a la barra o las criaturas de la 39. Entre ellos estaba yo, otra criatura más. Su mirada me atraía cada vez que miraba hacia la mesa. Traté de disimular la atracción, no quería que se pensara mal sobre mí. Noté que lloraba de espalda a las mesas, noté también su impulsiva entrega a los tequilas.
Sentí la necesidad de acercarme, era muy linda, sin embargo la atracción iba más allá de lo físico, y yo lo sabía, hoy me pesa haber sabido. Pensé en levantarme y sentarme a su lado unos segundos, buscaba alguna excusa para hacerlo pero nada se me ocurría, es difícil concentrarse cuando tienes que presumir ante otras criaturas. No podía pararme, ir hasta ella, hablarle y luego volver a la mesa sin ninguna explicación lógica que me justificara, eso sería un auto atentado. Una criatura de iglesia no pone en juego su testimonio por una prostituta, una criatura de iglesia es egoísta, sus actos se miden de acuerdo al efecto que causan en su reputación. Para una criatura de iglesias si una mujer como ésta quiere encontrar la salvación deberá asistir a una campaña evangelística. La charla continuaba, risas y frases elaboradas. En la barra lágrimas corriendo, y más tequilas. Yo esforzándome para concentrarme en la charla.
Terminamos la cena, me levanté y crucé el centro del salón en dirección al baño, la tuve frente a mí unos segundos, le sonreí y ella lo hizo también, era una sonrisa fingida, pero una sonrisa atractiva. Recordé a los cinco colegas sentados en la mesa y seguí caminando al baño. Al entrar me miré en el espejo, y una vez más un espejo acusándome.
Respiré profundo y salí decidido a hacer lo que tenía que hacer. Al pasar frente a la barra noté su ausencia. Me senté de nuevo en la mesa al mismo tiempo que el mesero dejaba la cuenta, cancelamos y el teatro terminó. El viernes siguiente volví a ese lugar. Me senté en la barra y le pregunté al barman por aquella mujer.
Me sorprendió descubrir todo lo que una mujer puede contarle a un barman. Hoy pienso lo útil que seríamos los cristianos si sirviéramos bebidas en un bar. Hoy me duele no saber cuál fue la decisión de aquella mujer. Lamento no haber sido valiente.
Lamento haber sido una criatura de iglesias. Hoy puedo escuchar la voz de un niño dentro de mí preguntándome ¿cómo podrán mujeres como aquella escuchar de una esperanza y recibir ayuda si nosotros nos encerramos tras paredes de cristales? ¿Acaso la “nuestra santidad” nos separa del deber que implica nuestra comisión? ¿Quién le dirá a una prostituta que no debe resignarse a su pasado ni entregarse a la muerte? ¿Quién le mostrará la tercera opción, que es la única válida? Sigue preguntando niño, no permitas que yo vuelva a convertirme en una horrenda criatura.
Publicado por GUSMAR SOSA

1 comentarios:

amor dijo...

genial, gusmar, así es: hay que salir al mundo, hay que ganar el mundo para la causa, y de algún modo eso hacemos con los blogs, llegamos al mundo entero con lo que escribimos, y si de verdad somos amor, eso es lo que estamos dando al mundo, con eso lo estamos haciendo mejor

mi abrazo

s

8 de noviembre de 2008, 8:17  
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